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PILAR 1: AUTOCONSCIENCIA
RUTA 2: CONFIANZA EN ACCIÓN
RUTA 3: FOCO
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Agilidad Emocional

Todos los seres humanos sanos tenemos una corriente interna de pensamientos y sentimientos que incluyen el criticismo, la duda y el miedo. Esto es, en realidad, nuestra mente haciendo su trabajo: intentar anticipar y resolver problemas, y evitar cualquier peligro potencial.

La invitación es a que NO INTENTES SUPRIMIR TUS EXPERIENCIAS INTERNAS, por el contrario, aprender a abordarlas de manera consciente, productiva y teniendo en cuenta tus valores. A esto, autores como Susan David y Chistina Congleton, le llaman Agilidad Emocional.

Entonces, es la habilidad de gestionar nuestros propios pensamientos y sentimientos, reconocer los patrones, aceptarlos y actuar; claramente, para ayudarnos a mitigar el estrés, por ejemplo.

De manera que si no cuentas con estrategias internas efectivas, ¡¡¡bienvenida!!, puesto que en este Programa “Confianza Inquebrantable (al que eventualmente le llamaré CIE)”, aprenderás, comprenderás y podrás adoptar en tu cotidianidad, ciertas prácticas para desarroollar tu agilidad emocional.

A continuación, te compartiré ciertas estrategias útiles y comprobadas (no me creas, verifícalas por ti misma):


Reconocer tus patrones de pensamiento:

Necesitas percatarte de tus pensamientos y ser conciente cuando te quedas atrapada en ellos.

Te explico, pareciera díficil, más no lo es, amerita de la “toma de consciencia”, escuchar tus propias conversaciones internas, tomar distancia de ellas y escucharte ¿qué te dices?, que aparece en tu mente de manera recurrente, es decir, ese mensaje que aparece una y otra vez, como un disco rayado, pregúntate también ¿esta historia que me estoy contando, es vieja? ¿corresponde al pasado, a una experiencia en mi pasado?. Es importante este ejercicio de escucha interna para poder transformar estos patrones de pensamiento.

Reconocer tu modelo de elección:

Cada individuo tiene una forma única de percibir la realidad. La manera en que interpretas el mundo y todo lo que lo compone está moldeada por tus creencias, experiencias y opiniones personales.
NO VES EL MUNDO COMO ES, VES EL MUNDO COMO ERES.

Por lo tanto, tu perspectiva personal no siempre proporciona la visión más clara de las cosas.

Por ejemplo, cuando te enfrentas a un problema que nunca antes has afrontado, es probable que tu experiencia previa no sea suficiente para resolverlo. En tales situaciones, mirar el problema desde la única perspectiva de tu propia percepción no será de gran ayuda para encontrar una solución.

Ahora bien, cuando de elegir se trata, es necesario que te cuestiones:

¿Me acerco al placer o me alejo del dolor?

Puesto que, la mayoría de las decisiones que tomamos en la vida están influenciadas por nuestra búsqueda del placer o nuestra evitación del dolor. En esencia, nos movemos hacia lo que nos hace sentir bien (placer) o nos alejamos de lo que nos hace sentir mal (dolor).

Por ejemplo: no es igual “no quiero sentir miedo de hablar en público” a “quiero sentir confianza para hablar en público”, ¿lo ves?, el primero te deja en la posición de víctima que quiere huir de la situación, por el contrario, el segundo te acerca a tu poder personal, a la posibilidad de actuar en pro a aquello que quieres manifestar.

Haz lo que puedes hacer mejor que una persona fallecida.

Todo objetivo que consista en NO HACER algo o DEJAR DE HACER algo

es un objetivo para una persona muerta.

Para convertirlo en un objetivo de una persona viva necesitas preguntarte:

“Si yo no estuviera haciendo -xyz-, ¿QUÉ ESTARÍA HACIENDO CON MI TIEMPO? ¿ACTUARÍA DIFERENTE? y ¿de qué manera puede ser significativo para mí?

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Tomar conciencia de que gran parte de tus decisiones están influidas por la búsqueda del placer o la evitación del dolor es importante por varias razones:

Cuando te detienes a reflexionar sobre tu vida, te das cuenta de que todas y cada una de tus decisiones están guiadas por una pregunta fundamental: ¿te acercas al placer o te alejas del dolor? Esta cuestión es esencial y moldea la forma en que te enfrentas a las situaciones y tomas tus elecciones.

Tú, al igual que muchas personas, puedes ser alguien que tiende a acercarse al placer, sí: Eres proactiva, te gusta buscar oportunidades y concentras tus esfuerzos en lo que deseas obtener. A veces, puede que te cueste identificar los problemas que puedan surgir en el camino, ya que tu enfoque principal se encuentra en las recompensas y los resultados que deseas alcanzar. Utilizas un lenguaje que refleja esta mentalidad, empleando palabras como “conseguir”, “recompensa”, “resultado” y “objetivo”.

O por el contrario, puedes ser alguien que tiende a alejarse del dolor, sí: eres reactiva, cautelosa y te centras en evitar amenazas y problemas. Tienes una habilidad excepcional para detectar obstáculos y resolverlos, y generalmente utilizas un lenguaje que incluye palabras como “evitar”, “arreglar”, “eliminar”, “resolver” y “prohibir”.

Esta comprensión de tu filtro de dirección te será útil en tu día a día, especialmente en la comunicación y en tus relaciones personales. Por ejemplo, si deseas cambiar un comportamiento limitante o un mal hábito, puedes asociarlos con una sensación negativa que deseas evitar y luego establecer un comportamiento alternativo que te lleve hacia una sensación positiva que deseas experimentar. Esto hará que tu proceso de cambio sea más efectivo. En resumen, tu filtro de dirección es una parte esencial de tu vida y de cómo tomas decisiones. Comprender cómo funciona en ti y en los demás te permitirá comunicarte mejor, motivar a las personas que te rodean y trabajar en tu propio crecimiento personal.

Dale nombre a tus pensamientos y emociones

Cuando te sientas atrapada en tus pensamientos y emociones, utiliza esta estrategia para
considerar la situación de manera más objetiva.

Darle nombre a lo que piensas o sientes, te permite verlos como son: corrientes de datos pasajeros que pueden ser útiles o no.

Tu eres psicológicamente capaz de tomar distancia de los que sientes, piensas o percibes, para cuestionar la forma de interpretar lo que que estás experiementando. Al nombrar tus pensamientos y emociones, puedes llegar a comprender mejor lo que experimentas. Esto te permite reconocer y procesar tus sentimientos y pensamientos.

Por ejemplo, si te sientes enojada, reconocerlo como “enojo” te permite pensar en estrategias para gestionar esa emoción de manera constructiva.

Te ayuda a comunicarte de manera más efectiva con los demás, ya que, puedes expresar tus sentimientos y pensamientos de manera más clara y precisa.

Sigue esta secuencia:

  1. Tómate un momento para observar lo que estás pensando y sintiendo en un momento dado. Presta atención a tus emociones, pensamientos y sensaciones físicas.
  2. Identifica de manera específica. En lugar de decir simplemente “me siento mal”, intenta identificar si te sientes triste, enojada, ansiosa, etc. Lo mismo con tus pensamientos: ¿son preocupaciones, expectativas, recuerdos?
  3. Si te sientes cómoda, puedes expresar tus emociones y pensamientos de manera verbal o escrita. Puedes hablar contigo misma o compartirlas con alguien en quien confíes.
  4. Finalmente, reflexiona sobre cómo te están afectando y si hay acciones que puedas tomar en respuesta.

Distingue lo obvio de lo imaginario

¿Qué sucede si una persona enlaza su sentir al imaginario que está produciendo?
Si siente sobre la base de lo que imagina, genera una pseudorrealidad.
Es decir, se cree como verdadero lo que está suponiendo y reacciona emocional
y conductualmente sobre la base de lo que imagina
(Eduardo Carabelli).

Imagina que te sientes frío y de inmediato te preocupas por enfermarte. El miedo te invade, y decides tomar una aspirina para prevenirlo. O tal vez, ves a alguien desconocido y automáticamente piensas que es una amenaza, por lo que te pones a la defensiva o incluso actúas de manera agresiva o huidiza para protegerte antes de que pase algo.

Lo que está ocurriendo en esos momentos es que tu conexión con la vida se vuelve algo distorsionada. Comienzas a construir realidades alternas en la que todo encaja perfectamente con tus creencias y prejuicios. Cada evento se ajusta a tu propio molde, y encuentras explicaciones que te parecen lógicas para cada situación.

Gradualmente, empiezas a tejer universos simbólicos, ya sea en solitario o compartidos con otros, donde tus prejuicios y creencias reemplazan la simple experiencia de la realidad. El vínculo entre tus emociones y tus pensamientos pasa inadvertido, tus emociones te persuaden de que lo que estas viviendo (y tu crees que es la auténtica realidad). Lo que en realidad esta sucediendo es que, estas construyendo tu propia versión de la realidad y formando un mundo emocional a medida.

Los imaginarios están tan asociados a nuestra interpretación de la vida cotidiana que pasan desapercibidos. De esta manera contaminamos, sin darnos cuenta, cualquier situación con supuestos, temores o idealizaciones.

Esta capacidad de simbolizar es tan poderosa que creamos conceptos para describir cada una de las características del medio ambiente: objetos, sonidos, acciones, actitudes, el nombre de los colores y el sabor de los alimentos. Les ponemos palabras y los definimos. Parece que todo puede ser conceptualizado. Si no, no existe.

El dilema se complica aún más cuando consideras que la forma en que conceptualizamos la realidad es subjetiva. Cada individuo, cada “tú”, la interpreta de una manera diferente. Lo que ves como la realidad puede ser totalmente diferente a cómo otra persona la percibe. De esta manera, creamos nuestras propias versiones de la realidad basadas en nuestra propia perspectiva subjetiva.

Lo que complica aún más las cosas es cuando empiezas a creer firmemente en tu propia interpretación de la realidad y le otorgas un valor de verdad. Esto a menudo da lugar a discusiones acaloradas (por ejemplo) en las que afirmas que tu visión de la realidad es la única correcta, y que las de los demás están completamente equivocadas. En realidad, todas estas perspectivas son válidas desde el punto de vista subjetivo de cada persona, pero tiendes a aferrarte a la tuya como la única verdad (no creeas que solo te ha pasado a ti, esto es súper común).

Sin embargo, para poder comunicarnos de manera efectiva, hemos establecido ciertas convenciones o acuerdos comunes. Estos acuerdos nos permiten usar palabras como “árbol” o “televisor” para referirnos a objetos específicos en el mundo que nos rodea. Estos términos son parte de lo que podríamos llamar “lo obvio”, es decir, lo que podemos percibir a través de nuestros sentidos y compartir con los demás en función de acuerdos convencionales.

En contraste, existe otra dimensión llamada “lo imaginario”. Aquí es donde entra nuestra capacidad de agregar suposiciones, ideas o invenciones a lo que percibimos. Esto es subjetivo y varía de persona a persona. Imaginar no es necesariamente un problema, pero se convierte en uno cuando confundimos lo imaginario con la realidad.

A menudo, damos por sentado que nuestras propias interpretaciones imaginarias son la verdad absoluta. Por ejemplo, cuando vemos a alguien con el ceño fruncido, en lugar de preguntar qué le sucede, asumimos que estamos seguros de lo que siente. Esto puede llevar a malentendidos y conflictos innecesarios, ya que nuestras suposiciones pueden estar muy lejos de la verdad.

Entonces, lo importante es reconocer la diferencia entre lo obvio y lo imaginario. No hay problema en imaginar, solo que, es nuestra responsabilidad, cuestionar nuestra interpretación, para evitar confundirlas con la realidad.

Preguntar y comunicarte de manera abierta y sincera te ayudará a evitar malos entendidos y conflictos innecesarios.

Experimenta:
“Es obvio que…” “Me imagino que…”

Este ejercicio y el siguiente fueron diseñados por la Dra. Julia Zwillinger y están extractados de su libro Atención, aquí y ahora.

La diferenciación de estos dos elementos produce una notable disminución de los malentendidos. Por lo tanto, ante la duda es mejor preguntar “Esto que me imagino, ¿es así?” o preguntarle al otro “¿Qué te pasa?”.

La simplicidad de la comunicación garantiza la no-distorsión y su profundidad.

Ahora, te preguntas ¿cómo lo puedo llevar a la acción?

Te comparto un experiemento que aprendí estudiando Gestalt:

Este ejercicio se llama el “PISH”. Cada letra representa una parte del proceso:

P – Percibir: Aquí es donde observamos o percibimos algo en nuestro entorno. Es lo que vemos, tocamos, oímos, sentimos, etc. Es la información objetiva que proviene de nuestros sentidos, como un hecho concreto.

I – Imaginar: En esta etapa, comenzamos a agregar nuestra propia interpretación o suposiciones a lo que hemos percibido. Es donde nuestra mente empieza a formular ideas o pensamientos sobre lo que podría estar ocurriendo, basados en nuestras experiencias pasadas o creencias.

S – Sentir: Aquí entramos en el mundo de las emociones. Experimentamos una reacción emocional ante lo que hemos percibido e imaginado. Puede ser felicidad, enojo, sorpresa, curiosidad o cualquier otra emoción.

H – Hacer: Finalmente, esta etapa implica la acción que tomamos como resultado de lo que hemos percibido, imaginado y sentido. Nuestras acciones pueden ser hablar con alguien, tomar una decisión, hacer una pregunta o cualquier acción que surja de nuestras percepciones, imaginaciones y emociones.

Un ejemplo sería ver a alguien mirándonos intensamente durante una reunión (percepción). Podemos empezar a pensar que están enojados o interesados en lo que decimos (imaginación). Esto podría hacer que nos sintamos incómodas o nerviosas (emoción). Como acción, podríamos decidir hablar con esa persona después de la reunión para aclarar las cosas o simplemente para preguntar cómo se siente.

El punto clave de este ejercicio es descubrir si lo que siente la persona está en relación con lo obvio o con lo imaginario.

Claro, quiero explicarte la diferencia clave aquí. Imagina esta situación: una persona percibe que su compañero está moviendo la mano cerca de su rostro. La persona comienza a imaginar que este gesto es un intento de seducción por parte de su compañero. Como resultado, comienza a sentir vergüenza debido a esta supuesta seducción, o comienza a imaginar que esta persona la desea.

En este caso, el sentimiento de vergüenza o de deseo se basa en lo que la persona ha imaginado en lugar de lo que ha percibido objetivamente. La percepción se ha contaminado con una suposición no verificada. En lugar de conectarse con el otro de manera saludable, la persona se está conectando emocionalmente con sus propias ideas imaginarias y atribuyendo sentimientos a una situación que podría ser completamente diferente de lo que imagina.

En un estado emocional y mental saludable, una persona se mantiene en contacto con lo que realmente está sucediendo a su alrededor, en lugar de dejar que sus imaginaciones dominen. Nuestros pensamientos imaginarios pueden ser un medio para la creatividad, pero también pueden convertirse en un reemplazo de la percepción objetiva, lo que nos lleva al autoengaño.

Por ello, es importante que reconozcas cómo tus pensamientos imaginarios pueden afectar tus emociones y tus percepciones de la realidad, ya que esto te puede conducir a estados emocionales falsos o distorsionados. Así que PREGUNTA!

Permíteme explicarte ciertas variables de este proceso:

ElPISH se centra en cuatro variables clave para entender cómo interactuamos con el mundo:

Percepción, Imaginación, Sentimiento y Acción.

Percepción: Aquí hablamos de lo que captamos a través de nuestros cinco sentidos, como ver, tocar oler, etc. Esto es la información objetiva del mundo exterior, lo que realmente está sucediendo más allá de nuestra piel.

Imaginación: Esta es la parte de nuestra mente donde tenemos pensamientos, ideas y fantasías. Pueden ser lógicos o no, pero siguen siendo imaginarios. Por ejemplo, pensar en lo que otra persona está pensando o sintiendo es una actividad imaginaria.

Sentimiento: Esto involucra las sensaciones y emociones que experimentamos en nuestro cuerpo. Esas emociones son una respuesta natural a lo que percibimos y experimentamos. A veces, la gente confunde sus pensamientos con sus emociones, lo que puede llevar a malentendidos.

Acción: Aquí hablamos de lo que decidimos hacer o mostrar al mundo en función de nuestras percepciones, imaginaciones y sentimientos. Nuestras acciones pueden estar relacionadas con lo que sentimos o no, y pueden ser dirigidas hacia afuera o hacia nosotros mismos.

El objetivo principal de este enfoque es comprender cómo estas variables interactúan y cómo influyen en nuestra percepción de la realidad y nuestras acciones en el mundo.

Al ser conscientes de estas cuatro dimensiones, puedes tomar decisiones más conscientes y mejorar tu comunicación y relación con los demás.

Sé consciente del autoengaño y otras reacciones

Cuando supongo que el mundo es como yo lo percibo y no me gusta lo que siento, digo que no me gusta el mundo y pretendo que el mundo cambie o me convierto en un transformador del mundo.
Exijo, espero de los demás y sufro si no se modifica el entorno
(Eduardo Carabelli).

Primero está la idea de la ‘Ceguera’ (No percibir). Resulta que a menudo enfocamos nuestra atención en una parte limitada de la realidad, como si tuviéramos lentes selectivos. Esto sucede especialmente cuando estamos emocionalmente cargados por algo que nos gusta, nos disgusta o nos asusta. Date cuenta de que esto a veces te impide ver el panorama completo de las cosas y entender mejor las situaciones.

Luego está la ‘Desensibilización’ (No sentir). A veces, bloqueamos nuestras emociones o no las reconocemos. Esto puede llevarnos a sentirnos apáticos o desconectados de nuestras propias emociones. Recuerda que evitar sentir emociones es una forma de protegerte del sufrimiento, pero también te aleja de vivir plenamente.

Además, está la ‘Ingenuidad’ creer que los imaginarios son ciertos y sentir en función de ellos), que es cuando creemos en nuestros pensamientos imaginarios como si fueran verdades absolutas. Esto puede llevar a reacciones emocionales basadas en suposiciones incorrectas. La invitación es ser consciente de tus pensamientos y reconocer cuándo son imaginarios. Es un trabajo constante, y te ayuda a evitar reacciones impulsivas basadas en suposiciones erróneas.

Otro punto importante es la ‘Cristalización de la Identidad’. A veces, nos aferramos a creencias rígidas sobre quiénes somos, y esto puede limitarnos en cómo experimentamos el mundo. ¿Qué hacer? mantenerte más abierta a nuevas experiencias y no limitarme a lo que crees que eres. Recuerda que eres un ser que está SIENDO, en construcción.

Está la ‘Impulsividad y la Represión’ (Los impulsos son simples descargas inadecuadas con el entorno y la represión son los impulsos no son expresados). A veces, reaccionamos impulsivamente sin pensar en las consecuencias, mientras que otras veces reprimimos nuestras emociones y actuamos de manera que no refleja lo que realmente sentimos. El punto focal está en encontrar un equilibrio entre expresar tus emociones de manera saludable y ser consciente de cómo afectan a los demás.

Otros puntos ciegos más comunes y costosos que a menudo nos afectan, basados en un estudio realizado por Robert E. Kaplan y se aplican a cualquier nivel o ámbito de la vida:

Ambición ciega: Sientes la necesidad de demostrar constantemente tu valía, compites en lugar de colaborar y a veces te muestras arrogante. Puedes juzgar a las personas en términos extremos, como aliados o enemigos.

Objetivos poco realistas: A menudo te fijas metas extremadamente ambiciosas o inalcanzables para ti misma. También puedes ser poco realista sobre lo que se necesita para alcanzar tus objetivos.

Esfuerzo desmedido: Trabajas de manera compulsiva, a menudo sacrificando otros aspectos importantes de tu vida. A veces te sientes atrapada en un ciclo de trabajo constante y puedes estar en riesgo de quemarte.

Intromisión: Puedes tener tendencia a tomar el control de situaciones y llevar a las personas más allá de sus límites. A veces, puedes ser demasiado directa y no delegar responsabilidades. También es posible que no siempre consideres el impacto emocional que tienes en los demás.

Sed de poder: Tu búsqueda de reconocimiento y poder puede centrarse más en ti misma que en el bienestar colectivo. A veces, impones tu propia agenda sin considerar otras alternativas, lo que puede parecer explotador.

Necesidad insaciable de reconocimiento: Te obsesionas con el reconocimiento y a veces te atribuyes los logros de los demás. También puedes ser crítica con los errores de los demás y sacrificar relaciones por tus propias victorias.

Preocupación por las apariencias: Te preocupa demasiado cómo te perciben los demás y buscas constantemente mantener una imagen pública positiva. A veces, esta preocupación te lleva a buscar lujo y prestigio material.

Necesidad de parecer perfecta: Puedes tener dificultades para aceptar críticas o errores, y a menudo culpas a otros por tus propias equivocaciones. Admitir tus debilidades personales puede ser un desafío.

Respira conscientemente y Acepta tus pensamientos

En lugar de reaccionar impulsivamente ante cada pensamiento o caer en la negatividad,
es mejor adoptar una actitud abierta: prestales atención y permitirte experimentarlos.

Quizás está practica no te haga “sentir mejor”, sin embargo, respirar conscientemente, te aliviará. Lo importante es que te muestres compasiva contigo misma, hacia ti, hacia los demás, de manera que puedas examinar la realidad.

Hay una línea delgada, o un espacio casi imperceptible, entre los estímulos externos y tus respuestas o reacciones, que se llama DECISIÓN. Antes de reaccionar, détente y elige conscientemente antes de actuar. (claramente, las decisiones se toman en función de las capacidades de nuestro cerebro en ese momento y de la información disponible).

Simplemente, ten presente: En lugar de perjudicarte con tus acciones o reacciones, FORTALÉCETE Y APRENDE DE LA EXPERIENCIA.

Actua desde tus valores y no desde tus emociones

Cuando te desprendes de tus pensamientos y emociones, adquieres una visión más clara de cuáles son tus posibilidades. Esto te permite tomar decisiones alineadas con tus valores y
elegir tus acciones de manera consciente.

Aquí la pregunta útil y esencial es ¿Cuáles son tus valores?

(-vamos paso a paso, puesto que en otra lección, vamos a ahondar más en el tema-).

¿Qué pasa cuando considerás tus valores para la toma de decisiones?

  • Te liberas de sentimientos de culpabilidad.
  • Priorizas.
  • Te comprometes con facilidad y disfrute.
  • Encontrarás paz y una vida plena y satisfactoria.

Recuerda que para desarrollar tu agilidad emocional, necesitas estar consciente que es imposible bloquear tus pensamientos o emociones, por el contrario, necesitas experimentarlos y, en ocasiones, cuestionarlos para no dejarte atrapar por ellos.

Contenido de la Lección
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